
Aquel jove encontró la respuesta en L'Espoir: solidaridad y fraternidad. Esa novela le ayudó más que otros libros a examinar la realidad a la luz de la literatura, y lo que con el estado de ánimo así creado percibió en la realidad, le remitió de nuevo a la literatura. El cambio le ermotió experimentar la colectividad como fuente de felicidad. En este sentido L'Espoir era inagotable, un preparado siempre eficaz que Semprún se administró en numerosas ocasiones. El libro lo dejó con sus camaradas de Tabou, donde se perdió unas semanas después de su detención, cuando los alemanes arrollaron a la Resistencia en los bosques de la región. En sus libros se menciona ocasionalmente ese exemplar de L'Espoir. El escritor lo recuerda como si fuese un camarada perdido.»